Los experimentos emocionales en nombre de la deconstrucción

Como estamos viviendo una época deconstructiva, progresista y con miras  a crecimiento colectivo -como  esperaríamos de un intento de una vida feminista- también estamos transitando desafíos estructurales en lo profundo y cotidiano de nuestro ser, la desestructuración emocional. Si bien lo personal es político e implica consecuencias socialmente activas y reaccionarias, estaríamos mintiéndonos si no se admite que uno de los aspectos más complicados de desinstalar chip patriarcal es el del amor erótico-afectivo, romántico. En las calles y en las marchas todes nos ponemos las camisetas, pero... ¿qué pasa en nuestras camas en donde nadie está -idealmente- vestidx?

Ya contextualizadxs, últimamente se visibiliza un patrón de prácticas sociales que ayuda a identificar el punto crítico de deconstrucción afectiva por el que estamos pasando y que irresponsablemente disminuimos alzando la bandera de la libertad de conciencia e intentos de experimentación en nombre de una revolución sexual, detrás de la eterna excusa que escuda todas intenciones individualistas que implica el encontrar nuestra identidad. Hasta acá, todo bien... Pero, como les seres humanes somos úniques y detergentes, muchas veces esa intención de encontrarse omite una simple acción empática y cae en el mismo cinismo del romance hollywoodense que pretende justificar alx protagonista con sus crisis existenciales y el uso y abuso de su media naranja. Nos parecen absurdas algunas tramas, pero justificables cuando están de por medio o la identidad o la felicidad absoluta, y en algunos casos, ambas.

Recientemente, fui herramienta de ejercicio metafísica de una persona cuyo fin no necesariamente fue utilizarme para descubrirse, sino la real experimentación propia del proceso de desenclosetarse y tener une compañere que haya pasado por misma situación. Sin embargo, habiéndolo conversado y pedido específicamente una comunicación consecuente y gentil pero sobre todo sincera siempre, terminé siendo conejilla de indias y con el corazón un poco hecho agujeritos por haber tenido las  ganas de acompañar un proceso para el cual no estaba del todo preparada y que del otro lado no fue enteramente honesto. Al final, sí fui sujeta de experimentación de una persona que posee privilegios ante mi cuerpo y posición de vida, y de nuevo caí en cuenta de que somos originalmente egoístas pero eso no nos exime de ser emocionalmente responsables con les demás.

Erre Gálvez, Pajarillo, 2015.
Se trata solamente de la empatía y de entendernos en procesos diferentes cuando nos comparamos o comprendemos involucrades en un transcurrir no común a nuestras estructuras. Si existe un fin de redescubrimiento y reajuste, es más que obvio que debemos vivir las nuevas dinámicas con una persona que se encuentre en un momento similar al nuestro, porque de lo contrario, suceden las injusticias amorosas y alguien termina heridx, si o si. Tal vez encontrar a Fulani que esté en nuestro mismo nivel y en el mismo camino sea dificilísimo, pero en todo caso, existen la comunicación y el lenguaje para no actuar como mierdas de personas mentirosas y ser realmente sinceres con lo que se está viviendo. La mentira es la verdad del capitalismo patriarcal desde sus principios irrevocables para la dominación de les demás, y con este tipo de actuares, nos comportamos igual a las publicidades de las multinacionales gastronómicas que nos venden ilusión y felicidad condensadas en una mierda de comida para el cuerpo que eventualmente nos va a caer mal.

Así de políticxs somos les seres. Así de incoherentes y así de irresponsables, también. En nombre de la deconstrucción estamos perdiendo la humanidad, al exagerar con nuestras propias expectativas y lavándonos las manos con aguas del elixir vanguardista que busca romper con todos los esquemas que tenemos insertados en las mentes. Sartre decía que al desear la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás, y no se me ocurre mejor cita que la suya para expresar cuán necesaria es la comunicación en los momentos de desectructuración para llegar a ser realmente consecuentes con nuestras intenciones iniciales de encontrarnos, pero con el ingrediente de que no sea a costa de la emocionalidad o vulnerabilidad de la otra persona.

Seamos responsables, o al menos, hablémoslo siempre. Salgamos de los silencios cómodos, admitamos nuestros fines finales y reconozcamos nuestro momento... y si no entendemos nada, hablémoslo. Sin mentiras, sin agendas ocultas, sin alzar banderas ni pronunciarse tal o cual cosa, hablémoslo siempre.-

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