Aquello que pasa cuando nos agarramos de las manos.-

Hace unos días, mis amigues y yo conversábamos sobre lo importante del reconocimiento público de ciertas afectividades del plano físico y/o inmediato, ya sean amistosas o amorosas. Nos referíamos a un simple abrazo, una caminata sosteniendo une la mano del otre o esa cándida interacción en las cotidianidades que por ser de gentil naturaleza une tiende a realizar con sus personas. Sin embargo, nos encontramos con la sorpresa de que la mayoría de nosotres alguna vez sintió incomodidad en cuanto a situaciones de particular visibilidad amorosa y cómo no dimensionamos que el simple acto de agarrarse de la mano de une gorde o dos putxs, negrxs, tortas, o amigues caminando juntes puede ser más que un acto político, sino revolucionario, simbólico, pero más que nada, humano.

Este verano que pasó, compartiendo con un grupo de amigues nuevxs-viejxs de actitud super desenvuelta, sentí lo hermoso que fue caminar por las calles asuncenas-encarnacenas agarrada de las manos de ellxs. Aunque parezca improbable, en el pasado no tuve la suerte de vivir esos pequeños pero grandiosos actos debido a que la deconstrucción y el amor en su crudeza ni siquiera estaban en discusión. Ahora, cuando une de elles me sostiene de la mano, no sólo me siento amada, protegida, cuidada o querida, también me siento reconocida e identificada como ser y que pertenezco a algo mucho más grande que nuestras efímeras existencias. Ese subestimado sentido de pertenencia es -creo toda la vida- uno de los pilares principales de la reconstrucción colectiva.

Foto de Pao Herrera 
Como mujer gorda morena viviendo en una ciudad de estética hegemónica por ser de índole veraniega (y/o globalizada), no pasa un solo día en el que yo camine por la calle y no arrastre susurros o inspire gritos de opiniones gratuitas o acoso violento, cosas que suceden en todos lados, y cuando mis amigues me sostienen o me abrazan o me reconocen, eso me fortalece y la fuerza de violencias externas disminuye. Contrariamente, una semillita empoderada da frutos dulcemente incendiarios en momentos clave. Una amiga me confesaba shockeada cómo uno de nuestros amigos abiertamente desenclosetado es violentado en cada cuadra o supermercado o en la universidad, y así también comentó cómo el simple acto de sostenerse de su mano -ella y el novio y el amigo- era mucho más fuerte e importante que una demostración de afecto, sino que generaba impacto y el movimiento en bloque aseguraba los fundamentos de luchar contra la discriminación. En silencio, mi corazón lagrimeó un poquito porque en una ciudad-pueblo como lo es mi bella Encarnación, ese acto es más que sublime.

En estos tiempos de intolerancia extrema a lo diverso e hipocresía oportunista de los grupos fundamentalistas, tenemos que unir fuerzas y apropiarnos absolutamente de todos los lugares y espacios posibles para apelar al impacto como herramienta política y sostenernos no sólo física pero colectivamente, para no decaer y así demostrar que no tenemos miedo aunque a veces nos tiemblen el alma y las piernas. Aparte de eso, mimarse con les amigues es siempre constructivo y da gusto. Usemos entonces nuestros amores, nuestras amistades, nuestras manos, nuestras pieles y todo lo que podamos y convirtámoslo en vida deconstructiva. Hagamos la guerra -aunque sea horrible tener que- haciendo, usando, demostrando y reconociendo el amor.

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