Gorda pelota: carta de agradecimiento a los insultos.-

Hola a todxs.

Esta es una carta abierta a toda la gente que me apoya y sigue mis entradas, a la gente que no y a las personas que no me bancan nada. A las personas que me gritan cosas por la calle, y a las personas que me miran con lástima.. a lxs chicxs que dicen gorda pelota a sus compañeritas y a lxs muchxs que pretenden construir relaciones a partir de la lástima.

Más que nada, quiero agradecer eternamente todas sus palabras violentas, sus frustraciones transfromadas en insulto y su eterna crítica a las vidas ajenas a las suyas.. Asímismo, agradezco el  apoyo, mensajes, mails, abrazos, besos y saludos a lo largo de la existencia de este blog y en la vida misma que muchísima gente me regaló. Muchas veces me quise rendir y dejar de postear, callarme las miles de historias obesas y aceptar la mierda de la gente mierda, pero; por suerte no me lo permití porque tengo esta herramienta y la hago mía, tengo voz y tengo manos para escribir, y siento que las historias de las gordas pelota necesitan ser contadas.

Siempre leo lo ridículo que es promover al movimiento de aceptación gorda por el detrimento corporal que puede tener de consecuencia el sobrepeso.. jamás voy a negar que la vida cuesta un poco más cuando tenemos kilos extra, pero a toda esa gente que me dice "imperfecta, monstruo, aborto negro de majimboo, gorda vaikué" etc., les pido por favor que reflexionen sobre sus propias vidas y traten de entender que esta lucha es una lucha humana. Es absurdo que se siga alimentando el ciclo de hábitos diferentes generando presión, ya sea estética, relacional, afectiva, etc.

El domingo pasado, volvía a mi nuevo hogar en un minibus ultra pequeño y super incómodo. El vehículo por el que pagué se había descompuesto y nos trasladaron arbitrariamente a uno más pequeño, y como ya me apuraba por volver a casa tuve que aceptar las nuevas condiciones. Pero, qué pasó? Todas las personas del bus de alguna manera bloquearon los lugares disponibles para que yo no me siente al lado de ellxs. Un señor, gordo y negro como yo, fue el único en brindarme una mirada de bienvenida para poder tomar asiento y viajar incómodamente 6 horas a su lado. Una vez más sentí la recalcitrante discriminación lastimándome y demostrando que no pertenecía a ese lugar. No importaban las piernas abiertas de los hombres ocupando más espacio para acomodar sus testículos, no importaban las maletas de una pareja ocupando un asiento extra, no importaban los termos y gaseosas de la empresa ocupando otro lugar, ERA YO LA GORDA, la que incomodaba, la que visualmente les recordaba lo tedioso del viaje y lo mucho que podía empeorar la situación.

Fue muy bizarra la experiencia de viajar con ojos en la espalda, siendo que la noche anterior una obra de teatro para la que brindé testimonios de mi gorda vida era estrenada nada más y nada menos que en el Teatro Municipal de Asunción, acompañando historias de mujeres que como yo, la pelearon para estar en donde están. Luchando combativas y llenas de amor a la vida.


¿Dónde estaba esa gente que me abrazó ese sábado de noche en ese momento de dolor? Preguntándome a quién acudir y cuestionando la finalidad de las cruentas actitudes para mi rollizo cuerpo me di cuenta de que no me puedo callar jamás. Debo hacer uso de mi palabra y pedir a gritos inclusividad, pedir leyes de protección a las diversidades y sobre todo gritar que no somos las personas las culpables de las incomodidades cotidianas o perpetuas, sino el sistema político-económico, el que me dice que no puedo ser más grande que otrx, siendo las personas animales racionales diversos y diferentes en naturaleza. De nuevo me entendí producto escupido del capitalismo y miré a los demás llena de culpa y disculpándome por ser grande. Qué bobalicona.

Por suerte, durante el viaje escuché música y disfruté del paisaje.. y sin darme cuenta se me llena de presión el pecho, sintiendo un agudo orgullo y acuciantes lágrimas repetí mentalmente lo que el sábado viví, y eran los frutos de estas palabras, los frutos de la violencia batallada durante toda mi existencia. Rescato de los dolores vividos la fortaleza posterior, y celebro con pasión que me haya tocado esta vida, esta piel, esta panza grande, estas estrías, esta vagina violentada, esta alma agrietada y este roto corazón que sigue latiendo rimbombante y con todas las de perder. Pero no perdí. Estoy viva y eso es lo importante. Con mi existencia lucho, en la monotonía y lo extraordinario, en la estabilidad y el caos, la bipolaridad ambulante.. en todo vivo, peleo, lucho.

Ahora mi cuerpo es mi arma.-

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