Homenaje: Fragmento de "El maestro y las magas" de Alejandro Jodorowsky


"... Esa descripción, aunque en términos surrealistas, corresponde exactamente a lo que en ese momento sentí. Si el exterior de la casa parecía una cárcel, el interior era la continuación mágica de su espíritu. La pintora estaba en cada mueble, en cada objeto, en cada una de las numerosas plantas que crecían con exuberancia en todos los rincones. Había, sentadas por aquí y por allá, altas y delgadas muñecas; algunas colgadas del techo, balanceándose como péndulos. Los sillones estaban recubiertos de tapices donde brillaban extraños símbolos. En el que cubría el sofá se dibujaban, acuclillados, mirándose frente a frente, dos efebos con cabeza de perro.

Leonora me indicó, autoritaria, con una mano cubierta por un guante blanco, que me sentara en medio de ellos. Luego me dijo con un fuerte acento inglés: -Ejo me ha contado que, entre muchas otras cosas, eres profesor de pantomima. Quiero que me muestres cómo te mueves. Así podré conocerte mejor.

En ese justo momento me di cuenta de que la artista no llevaba en su cuerpo ningún ornamento. Su rostro carecía de maquillaje, no portaba collares, ni pulseras ni aretes ni anillos ni reloj ni prendedores. Su traje era una simple túnica negra. Ante esa consciencia despojada de aderezos, la pantomima me pareció inútil, infantil, vulgar. Moverse para imitar levantar pesos, tirar de una cuerda, avanzar contra el viento, crear con las manos objetos imaginarios y espacios planos, expresar sentimientos estereotipados, o simplemente mover los miembros como un robot, me turbó. Sentí que estaba cubierto por un viejo abrigo inútil. Si con el trabajo de los koans me dedicaba a limpiar mi intelecto de abstracciones para llegar a la mente pura, debía al mismo tiempo vaciarme de gestos imitativos para llegar al movimiento puro."


Libro: El maestro y las magas.
Capítulo 3: La maestra surrealista
Autor: Alejandro Jodorowsky

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