CASI 30 y harta del discurso hippie-progre: Optimizá tu potencial, carajo!


Todo el mundo dice que la felicidad yace en ser libre y seguir al corazón y demás cursilerías que te dicen los hippies que te quieren vender pulseritas o levantar. Me pregunto, hasta qué punto es saludable dejarse llevar por las emociones y los sentimientos? Vivir sin cierto orden en nuestras vidas que caotiza todo nuestro alrededor? Somos conscientes de los efectos residuales del rock and roll cotidiano? Antes que nada, como este blog es mío -si, redundancia- voy a definir lo que yo considero rock and roll, y se trata básicamente de esto: tener cierta edad, legalidad ambulatoria y recursos (ya sea dinero, estudios, cerebro, tiempo) pero rascarse los genitales sin hacer nada, sin explotar las capacidades de uno, como seguir una carrera y no estudiar, dormir hasta las 11 de la mañana un martes, estar drogándose sin discreción y dejarse consumir en ese círculo vicioso. Cuántos amigos tengo con tanto potencial y no hacen un carajo.. creo que son de esos que deben tocar fondo para despertarse y get their shit together.

Me ha pasado que el rock se me fue de las manos, afectando mi salud mental y emocional. Demasiadas fiestas, demasiados amores de una noche, demasiado alcohol, demasiadas personas y demasiada intensidad; demasiado tiempo mal-utilizado, demasiadas carreras despercidiando una silla que bien podría ser para otra persona, mucho dolor y muchas muchas crisis existenciales. Se me fue de las manos en cierto tiempo, pero por suerte hoy me encuentro haciendo el mejor uso posible de mi existencia y potencial.

Tengo casi 30 años, y puedo decir hoy que viví mil vidas, que estoy cansada física y emocionalmente y que a pesar de todo eso aún no sé nada, simplemente sé que la duda es hermosa, y la búsqueda de la verdad se puede dar en un cuerpo, en la piel de la compañía en una noche lluviosa con unas demás copitas de vino, en un libro, en la compañía de tus seres de elección, en una buena disertación de algún profe copado, o incluso en una buena siesta después de una tediosa mañana. Ese momento, es simplemente hermoso.

Sentir tanta libertad, sentir tanto amor, sentir tanta verdad, a uno le permite conocer la plenitud. Solo que algunos de nuestros seres pierden de vista la estrecha línea entre ser espíritus libres y el libertinaje real. El problema se da sobre todo cuando esta búsqueda se vuelve rutina, pierde su belleza y cansa el espíritu, y a medida que va creciendo, más y más uno busca su propia paz.

Debo admitir que en tantas noches de puro rock, conocí tantas cosas lindas/feas y tantas almas distintas, experimenté la vida a través de risas, drogas, cuelgues, borracheras, pieles y música creada con amigos y amantes. Todo fue genial y maravilloso, pero el error grave que yo cometí fue el de no medir cuán intenso dejaba que fuera ese todo. Se perdió en mi vida el arte de mesurar, tal vez porque yo sufría de no limitar absolutamente nada, cosa que aprendí ahora después de bailar muchos compases agitados. Como toda canción, mi vida fue perdiéndose entre las notas y los silencios sin que yo me pudiera dar cuenta de que la misma iba saliendo de mis manos y dejaba de pertenecerme, dejaba yo de reconocerme.

Este post va solamente como un humilde consejo desde el teclado de una mujer alterada por sus emociones intensas, depresiva y extasiada a la vez, para que el que lo lea considere y reflexione en qué lugar está parado. Realmente ayuda a bajar los cambios el pensar un poco en el futuro, tipo ¿dónde me veo de acá a 5 años? El tema es no perderse en la dulce puñalada del libertinaje y aplicar cierta disciplina a la vida. Sinceramente, el discurso del alma joven hippie que solo debe disfrutar las cosas "buena onda" de la vida no se trata de "andá drogate hasta morir, dormir hasta las 12 de la mañana, seguir una carrera a medias, o cosas así"; creo hoy firmemente que se trata de potenciar nuestras capacidades y cualidades, de aprovecharse a uno mismo y constuir con gente que te estire hacia arriba, al costado, pero nunca hacia abajo.

Yo cometí el error de no reconocerme y dejarme llevar, y les aseguro que cuesta el después. Se paga el precio del rock, con salud física, con salud emocional, con salud mental, con dinero, con relaciones, con gente perdida, con todo lo que pueda ser intercambiable. Tampoco pretendo que piensen, "hija la que vivió todo", porque no es así y al fin y al cabo me chupa una teta lo negativo que se les pueda ocurrir. Simplemente hablo de lo que viví y que lo tuve bien vivido. Tampoco creo que uno debe soltar totalmente ciertos placeres de la vida como el ocasional brownie divertido o unas sesiones de sexo casual, sino que simplemente hay que medir y cualitativamente calificar qué puede producir eso en nuestras vidas.

La analogía más cercana a lo que quiero decirles a través de este post, es la de que cuando uno es joven y se cree invencible suena un rock and roll en la mente y se lo vive a través de nuestros hechos y experiencias, haciendo unas lines en Droguero's y yendo a trabajar hecho puta un martes y desordenando toda la vida. Cuando uno abre los ojos y de alguna manera hace el quiebre necesario busca el jazz, la bossa, (o cualquier género que nos traiga paz, el arte es lo más subjetivo del universo). Pero ese tampoco es el secreto. Desde mi experiencia, busco el rock melódico, el reconocerme en la música de la vida pero disfrutarla al mismo tiempo, con libertad y sin libertinaje, tomando decisiones firmes y sinfonías dulces para conservar el carril del caminito por el cual el viento te acaricia el rostro y algún compañero te toma de la mano. El rock and roll -y cual fuera su definición de éste- tiene su precio.-

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