El último


At first I did not love you, Jude; that I own. When I first knew you I merely wanted you to love me. I did not exactly flirt with you; but that inborn craving which undermines some women's morals almost more that unbridled passion -the craving to attract and captivate, regardless of the injury it may do the man-- was in me; and when I found I had caught you, I was frightened. And then --I don't know how it was-- I couldn't bear to let you go --possibly to Arabella again-- and so I got to love you, Jude. But you see, however fondly it ended, it began in the selfish and cruel wish to make your heart ache for me without letting mine ache for you. (Hardy 199)

Esta es la historia de él: el último.

"El corazón no elige a quien amar", una de las frases más comunes del universo, la cual después de unos años de haberla escuchado por primera vez tuve la experiencia necesaria para entenderla y aplicarla a mi vida. Decidí contarles brevemente mi historia con él, el último a quien vale la pena mencionar. No sé si a mí nomás me pasa esto, pero realmente creo que la mayoría de las personas a lo largo de su vida y sus etapas características se acuerdan de gente puntual, una o uno que resaltó entre los demás, y ya ustedes juzgarán de qué manera lo hicieron.

Con la suerte que me refieren los donjuanes latinos al momento de conquistar amantes ocasionales o permanentes, yo siempre fui una de las afortunadas que se sintió libre y disfrutó de su latitud sexual. Es decir, siempre tuve levantes. Sin ningún problema, a pesar de mi belleza diferente de mini elefantita morena canela... creo que incluso el ser extra large a la hora de levantar en ciertos momentos agregaba puntos. En fin. Lo conocí en mi facultad actual, el ISL. El Instituto de Lenguas que luego se convertiría en mi hogar, edificio que actuaba de albergue de todos aquellos espíritus cuasi-bohemios, rebeldes, enfocados en la adquisición de conocimiento, amor, seres, etc. canal de unión y comunicación entre 5 mundos diferentes y casa de la lucha estudiantil de los under.

Él, es mi compañero de carrera. Por razones obvias, no especificaré más detalles suyos personales. Lo que sí pienso contarles es que es un ser maravillosamente deshecho, uno de los desastres más hermosos que conocí y el más inteligente de los silencios. Cuando lo conocí, no lo ví. Le miré y pasé por alto cuánto esa persona across the patio afectaría mi vida. Fue en un momento en el que estábamos conversando en un grupo grande y discutiendo sobre música -que yo menciono un tema de una banda en particular que amo y él reacciona preguntándome de qué álbum de tal banda era- cuando caigo en cuenta de lo interesante que me parecía en realidad y que siempre me quedaba colgada mirándole.

Recuerdo siempre con cierta risa, que la primera noche que compartimos juntos (entre amigos) yo odié el hecho de que se quedase a dormir en mi casa y quería mandarle as far and as fast as I could a su destino. Hoy río mucho al pensar en eso. Así inició el 3er enamoramiento más heavy metal thrash gore death style que pude vivir en mi intensa existencia, irónicamente. Pero la verdad es que nos pasábamos felices la mayor parte del tiempo -high in the sky- mientras escuchábamos todo tipo de bandas y canciones y siempre siempre terminábamos abrazados o mimándonos al finalizar las muchas noches que solos, él y yo compartimos. Yo, dentro de todas estas melodías periódicas, humores sube-y-baja y chistes compartidos, no me estaba dando cuenta de que empezaba a amarle. A esperarle. A soñarle.

Francamente, no quería aceptarlo. Quise suprimir mi sentimiento de amor y llenarlo con amistad pero no pude, y en una discusión pelotuda exploté. Le dije que le amaba, que todo el tiempo me preocupaba por él, que el mundo no es tan malo si se lo combate de a dos. Por supuesto, como ser psicológica-psiquiátricamente inestable que es, no encontró otra forma de explicar que no sentía lo mismo y usó uno de los discursos más horribles que pueden llegar a decirte en la vida: "Sos fea. Si eras linda, tal vez. Porque da gusto contigo, pero no podría enfrentar a los demás". Hasta ahora ese "maybe" resuena como un estruendo en mi cerebro cuando pienso en esa conversación. Sinceramente, desde el fondo de mi corazón, yo no sé si él va a leer esto, parte de mí quiere que lo haga y parte de mí no, pero yo creo que él me quería. No sé si me amaba tanto como yo a él, pero estoy segurísima de que algo sentía.. miles de veces nos abrazamos, nos mimamos, nos colocábamos juntos encastrando nuestros cuerpos el uno por la otra viendo películas, videos, incluso llorando en los peores y más vulnerables momentos. Creo que él sintió miedo porque yo genuinamente empezaba a amarlo y a preocuparme por él y sus decisiones, y él me dejaba entrar, hasta que se asustó.

Debo admitir que yo jugaba con fuego las últimas veces en las que nos vimos, y me quemé muy mal. Pero, hasta ahora considero que él es una de las personas a las que amé con mi toda yo. Mi alma flotaba pensando en la suya, y cuanto más grande es el amor más grande es el dolor de borrar a esa persona de la vida de una.

La verdad es que quise intervenir en su vida. Verán, él es un agujero negro. Es un ser hermosamente oscuro, de los que te atrapan pero van succionando de a poco tu energía. (A dementor maybe?) Pero yo, no puedo luego conmigo misma y quise incentivarlo a tratarse su locura de la cabecita. Quise ayudarle a enfrentar aquellas cosas sobre las que él no tuviera el control, pero sobre todo, quise darle amor: del más puro y sincero. Lejos estaba yo de pensar que su único amor es el caos emocional y que no es capaz de establecer una relación (del tipo que sea) sana a largo plazo, lejísimos estaba yo de creer que en realidad lo idealicé y que lo que los demás dijeran realmente le importaba. Pero, estaba galaxias aparte de realising que yo caía en un círculo vicioso con su existencia en mi vida y que su presencia en mí, es más que nada, tóxica. Pero le amaba, y nada importaba.

Fue en un lapso de auto-evaluación y en un momento en el que mi vida-mi aura-mis energías se escapaban de mis manos, en el que desperté y dije que ya no podía vivir con ese dolor y debía canalizarlo de alguna manera. "Aquí me ves", he'i Adal Ramones. No podía seguir con la intensidad emocional que requería eso, y por suerte esa estocada al corazón que él so kindly me dio fue el escape perfecto. Aunque yo no quería escapar, pero mis heroicxs amigxs y mi familia de guerreras fueron estirando mi carro hacia la razón y hasta hoy día me ayudan a retomar las riendas de mi vida. Riendas que sin quererlas, él tenía en sus manos. El que tuvo mi amor sin quererlo. Al que ofendí por haberme enamorado de él y "no estar a su altura" estética. El último ser al que permití lastimarme de esa manera.

Lo que rescato de esta situación en sus más amplios sentidos, es que le amé con todo mi corazón y sé hoy, cómo se siente vivir. Cómo se siente el bombear del corazón con la sola existencia de la otra persona, cómo se siente amar a un ser en la totalidad sin haber tenido sexo, y sobre todo... cuán blanca es el alma en los momentos de plenitud con el ser amado. Pero, lo que lamento es lo mismo. Haber amado a un ser cuyo pensar no es suyo, cuyas acciones se guían en impulsos psicológicos dependientes de elementos externos, como la apariencia, el qué dirán o incluso la religión. ¿Tan malo puede ser no tratarse la inestabilidad emocional? Sí, es malo. Él, a medida que revelaba su inseguridad arraigada en la voz popular, iba perdiéndose y convirtiendo su ser en el más horrendo de los clichés: un tipo carilindo y superficial. Por suerte, hoy ya no le reconozco y creo firmemente que ni él mismo se reconoce.

En fin, esa es mi trágica historia de amor: un corazón roto y un protagonista irreconocible y superfluo. Lo único que les quiero decir con ésta nota es: no amen a alguien que no se ama a sí mismo. Cuesta una vida el olvidar, incluso a veces nos creemos lo suficientemente fuertes y llenas de amor, y sin embargo el otro no hace nada más que reducirte constantemente y decirte que sos una decepción ambulante. No lo hagan, quiéranse, elijan a quien amar, huyan de las malas decisiones y los momentos determinantes que proyectan aquello que no queremos ver.

Y sí, él es el último.
EL ÚLTIMO SER A QUIEN PERMITÍ JUZGARME, REDUCIRME Y PISOTEARME. Ahora soy una guerrera con el escudo más fuerte y grueso que puede existir: el amor propio y mi dignidad de habérmela jugado por el amor que pudo ser. No fui cobarde. Fui valiente, fui sincera, y fui aguerrida.
Les quiero.

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