La Casa Rock: "It's only Rock n' Roll, but I like it"


Los eventos en la casa Rock -como todos los amigos y los miembros decidieron llamarla- cada vez iban intensificándose con cada fiesta y acontecimiento alguno que se presentase con excusa barata para farrear. Emilio y Úrsula tenían un elemento común bastante importante a la hora de fiestear: el mejor amigo de ambos, el cual nunca faltaba a ningún evento e incluso parecía un inquilino más de la casa, un ostensible hombre barbudo y pintón, que se hacía llamar Café, por el color de sus ojos y su barba rojiza cual líquido mañanero. Este ser cautivó a Aurora desde el primer momento en que lo vio.

Sexo, drogas, rock y completo descontrol se tornaban el día a día de las personas que vivían y/o pasaban por allí. Aurora y Emilio se cree hasta hoy día que fueron los que más personas llevaron para tener sexo, y Osvaldo, con un aire sutil y tranquilo, fue el que más acceso tenía a la marihuana consumida y la cocaína ocasional. Úrsula, por otro lado, quedó embarazada en el primer mes de alquiler, de un bueno para nada barra brava de un clubsucho a quien utilizaba para sexo ocasional cuya autoestima era dudosa debido al consumo exacerbado de merca. Idilia era el ser más bien tácito, sabían que estaba ahí pero nunca la veían. Cuentan las decorosas voces que tampoco era una santa, tuvo uno que otro amante esporádico, pero nada de sustancias divertidas.

Café y Aurora, debido a la convivencia y el sexo casual, fueron desarrollando un tipo de relación de algo un poco más que amistad, pero menos que un noviazgo formal. Una caótica e intensa relación llena de sexo salvaje, halagos románticos y mentiras por doquier. Desgraciadamente, Aurora fue colgándose de Café, y supuestamente éste también, pero debido a las diferencias ideológicas (Aurora quería el novio ejemplar y Café la relación abierta y libertaria) no funcionó nada. Una noche de excesos de sustancias varias, se encontraban ambos borrachos y calientes, e hicieron el amor en la sala común. Sólo Idilia se encontraba en la casa, y ocasionalmente iba al baño o la cocina y presenciaba el acto carnal de pasada, sin vergüenza de ninguna de las partes y puro show gratis. Esa noche, después de unas lines y el post-coito, ambos se percataron de no haberse cuidado con ningún anticonceptivo, pero como hasta ese momento Aurora manejaba la información de que no podía embarazarse, nada importó. Pasaron los días sin más importancia a esa noche, y Emilio también fue haciendo de las suyas: salía con una niña de diecisiete años post-moderna con aires de adulta que más bien hacía el ridículo al explayar comentarios sobre lo duro de la vida y el amor. Hacían el amor en cualquier lado al ritmo de los Doors y sus atrapantes melodías, a cualquier hora, siempre con marihuana de por medio y “mi amor” ocasionales que a Emilio dejaban desconcertado, y más bien preocupado.

Todos en la casa compartían el pensamiento del amor libre, el uso corriente de las drogas y el arte como norte de vida; nadie juzgaba a nadie por sus decisiones que no siempre eran las correctas y todos se apoyaban en los momentos de adversidad. Osvaldo, por ejemplo, era el ser más sensible de la casa, pero poseedor de una entereza particular sobre sus principios y lo que creía correcto en la vida. Un hermoso rubio pelilargo, gordito y tiernón cuyos ojos siempre estaban rojos por la incesante fumada del porro. Sus historias de amores y casualidades, más bien se resumían a que era un colaborador del amor libre a nivel internacional: siempre tenía una novia, o dos, o tres, de diferentes lugares del mundo, que cuando venían a Asunción lo buscaban y pasaban los días en su cuarto más que turisteando por ahí… Pero su verdadero amor, era una española amiga del grupo llamada Violeta, una preciosa señorita a quien al mirarle uno inevitablemente pensaba que era europea, otra fumadora de la ganjah en forma impresionante y el ser más amoroso y agradable del grupo, de esas personas que no caían mal a nadie y hacía amigos con facilidad.

Pasaban los días, los meses, y todos con vidas desordenadas y fiesteras. Emilio casi nunca iba a trabajar y se quedaba colgado con el playstation jugando con Osvaldo cuando este no estaba en lo de Violeta, Aurora había dejado la universidad, Idilia vivía de noche y Úrsula seguía fumando petardo con tres meses de embarazo. No pasaba una noche sin la ingesta de alcohol, y mucho menos unas horas sin el consumo de la María Juana. Una de las particularidades del grupo, era el común acuerdo sobre permitir a los trotamundos quedarse en la casa como un hostal cualquiera, pero sin abonar nada. Así pasaron de todo tipo de personas por allí: extranjeros, gente del interior, primos, hermanos, y todo aquel que desease escapar de su realidad monótona y desease un poco del gustito metalero de la vida.

Cuentan por ahí que la casa siempre tenía algo roto, y que era casi un ritual de iniciación para los que se quedasen en ella temporalmente solucionar lo fallido, tanto así que tuvieron plomeros cordobeses, jardineros colombianos, carpinteros cariocas, y más. Entre personas y música, cotidianidad y feeling, pasaban los días en la casa Rock.

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