Crónica de un sueño lúcido.


Sos aquel ser... Aquel que solía amar en soledad, en las noches de suave brisa, gentil aire que llenaba mis pulmones, del cual me hacía a la cabeza que eras vos y las estrellas de aquel oscuro cielo, creando así el escenario perfecto para respirarte, además de la ironía de una melodía soft rebelde, dulcemente pesada y excitante.

Abrí mis brazos y soñé con los ojos abiertos; un hombre, con corazón y alma pero sin forma conocida, me invitó a un banquete de placer. Partí flotando del balcón hacia tus labios, a una playa desierta, tal vez a una de esas tierras soñadas por poetas esclavizados, donde el silencio y el vacío construían perfección, y pudimos así disfrutar de la arena, el mar y la luna; la luna aquella que actuó de afrodisíaco desnudando nuestros cuerpos con su fulgor.

Te amé toda aquella noche y madrugada de delirio, y así como dijo Cortázar en algún momento nuestras bocas se encontraron y lucharon tibiamente, mordiéndonos los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde aires pesados iban y venían con un perfume viejo y un silencio. Entonces extasiado, tus manos buscaron hundirse en mi pelo, acariciar lentamente la profundidad de los rulos que odiabas mientras nos besábamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y de repente, si nos mordíamos el dolor era dulce, y si nos ahogábamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte era bella. En el sueño, toqué con mis manos tu corazón lastimado, amé tu alma rebelde y estrepitosa, fundí mi espíritu con el tuyo y leí el libro de tu conciencia a la par de ver tu libertad y tus cadenas, pero te amé con todas las lascivias grotescas y las plenitudes incorpóreas hasta la muerte de este sueño.

Las horas de carnalidad fueron eternas, y luego, gracias al shock de realidad digital, desperté en mi balcón, el cual todas las noches se convertía en el portal de nuestro paraíso indecente y azul. Nunca te había visto antes ni había oído tu poderosa y peculiar voz, sólo mi conciencia me brindaba ese placer, pero hoy; te ví y te reconocí, tan bello, tan presente y fuerte.. y por ello sos eso: Ese ser a quien solía amar en mis noches de soledad y era un sueño, pero hoy sos el perfecto equilibrio entre la realidad y fantasía de esta loca soñadora; no importa cuántos poemas escribas a otras, ni cuántas canciones regales sin discreción... lo cierto es que, como dice una canción "Tengo una confesión que hacerte: soy tu tonta."

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